Cercanías, batallas y viejos juegos
Belisario de la Fuente
En el Senado, ha trascendido que los nombramientos propuestos por Claudia Sheinbaum para la Comisión de Regulación de Telecomunicaciones no dejaron lugar a dudas: cercanía total con el titular de la Agencia Digital, Pepe Merino pero autonomía técnica… ni en el discurso. La lógica de control parece imponerse sobre la de especialización y eso ya genera ruido entre algunos legisladores que esperaban perfiles más sólidos.
Por lo pronto, extraoficialmente las personas propuestas al Senado son: Jorge Pérez, Norma Solano, Álvaro Guzmán, Tania Villa y alguien más cuyo asiento está reservado para quien proponga el senador Javier Corral Jurado. Ninguno acredita una sólida capacidad técnica en la materia, pero nada importa porque quien manda es Pepe Merino…al menos que Dondald Trump saque tarjeta roja durante las negociaciones del TMEC, habida cuenta de que el organismo no garantiza autonomía como lo establece el actual Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá.
Quien sí está enfrentando una curva de aprendizaje más empinada de lo previsto es el secretario general de Servicios Parlamentarios, Arturo Garita. En la primera sesión del periodo ordinario se le vio pasando tarjetas y más tarjetas a la nueva presidenta, Laura Itzel Castillo, en una escena que recordó más a un ensayo general que a una conducción parlamentaria. Eso sí, Castillo marca distancia del estilo estridente de su antecesor, Gerardo Fernández Noroña: sin escándalos, sin protagonismo, pero también sin señales claras de liderazgo.
En contraste, quien salió fortalecido fue Ricardo Anaya. Su intervención frente a las nuevas ministras y ministros de la Corte fue dura, directa y sin concesiones: “Llegaron sin legitimidad alguna”, dijo, y con ello se posicionó como voz crítica en un momento de institucionalidad tambaleante. La mayoría de Morena y sus aliados no tuvo otra alternativa que abrir los micrófonos al menos para fijar la postura de los grupos parlamentarios de oposición.
Del Senado al gobierno del Estado
Mientras el país lidia con cifras de violencia que lo colocan entre los más peligrosos del mundo, en el Senado algunos ya cambiaron el escaño por la pasarela. La temporada de aspiraciones ha comenzado, y varios senadores y senadoras ya se mueven como si el 2025 fuera su año de coronación.
Saúl Monreal, senador de Morena, revive el viejo libreto del pleito familiar con su hermano David, el gobernador de Zacatecas. Pero detrás del drama hay cálculo: consolidar el cacicazgo de los Monreal mientras el estado sigue atrapado en la violencia. El guión es conocido, pero sigue funcionando.
El domingo, Chihuahua fue testigo de un evento masivo encabezado por la senadora Andrea Chávez, quien no escatimó en logística ni en simbología. La consentida de Adán Augusto López fue recibida con vítores, pancartas y —no menos inquietante— alusiones abiertas a su cercanía con el tabasqueño y sus presuntos vínculos con el grupo criminal La Barredora. En tiempos donde la línea entre política y crimen organizado se difumina peligrosamente, el espectáculo no fue sólo político: fue sintomático.
En contraste, la sudcaliforniana Susana Zatarain optó por una ruta menos estridente pero más humana. Sin reflectores ni acarreos, visitó comunidades afectadas por el huracán Lorena, escuchó a damnificados y se mostró empática sin necesidad de discursos prefabricados. Su discreción fue su fuerza, y aunque no hubo drones ni batucadas, dejó claro que la política también puede caminar sin alfombra roja.
Así, mientras unos se lanzan al ruedo con escenografías dignas de precampaña —aunque oficialmente no lo sea—, otros prefieren el contacto directo, el gesto sincero, la escucha activa. Pero que nadie se engañe: la carrera por las gubernaturas ya empezó, aunque el calendario electoral aún no lo diga. Y como siempre, el país observa, con más escepticismo que esperanza.
