Mucha basura política

Antonio Quevedo Susunaga 

En todos los partidos políticos hay corruptos y a pesar de la limpia anunciada por el presidente Andrés Manuel López Obrador, está resultando, que sus “amigos más cercanos son corruptos”, cuando menos en Sinaloa. 

El primero que fue señalado es Jesús Estrada Ferreiro, que hasta la boca se le hacía chueca cuando decía que López Obrador es su amigo, pero resultó que se aprovechó de esa confianza para fregarse en los recursos de los ciudadanos, según la fiscalía general de Sinaloa, del gobierno de Rubén Rocha Moya. 

Los de Morena se llenaban la boca, al mencionar que estaban combatiendo la corrupción; mientras ellos se llenaban también los bolsillos. Ojalá y este mal ejemplo no cunda en el gobierno de Rocha Moya, que también es de Morena. 

El otro ejemplo que está resultando ser un corrupto o rata, es Guillermo Benítez, según el gobernador que ni siquiera deseaba meter las manos por él. 

Y la interrogante que me hago, es si Guillermo Benítez, es una rata, por qué el gobernador lo está invitando a ocupar la secretaría de Turismo. ¡Qué alguien me explique ¡ 

¿A caso el gobernador Rocha Moya, lo único que desea son las alcaldías de Culiacán y Mazatlán? 

Es Morena el partido que los ciudadanos mexicanos, y los de Sinaloa, han confiado en que son los políticos del cambio, de la Cuarta Transformación, y sin embargo, arrastran una estela de corrupción y un basurero político que empieza pudrirse. 

Es claro que Jesús Estrada Ferreiro y el Químico Benítez, mostraron su rebeldía a Rocha Moya, que en su carrera política de Rocha no ha aceptado nunca un desacato, que significa, según el diccionario de Real Académica es “la falta del debido respeto a los superiores” o “la irreverencia para las cosas importantes”. 

En algunos casos se agrega la calumnia, la injuriar, el insulto o amenaza a la autoridad, en este caso al gobernador. 

Estas acciones del gobernador Rocha Moya, son positivas si las acusaciones de sus autoridades tienen un fundamento real y legal, aspecto que debe cuidar en su propia estructura política administrativa estatal, con el fin de evitar que estas conductas de Estrada y Benítez, se repitan en el transcurso o final de su administración. 

Y una decisión, que manchó la buena acción en Culiacán, es que no volvió a convocar a elección, porque el alcalde Estrada, mal que bien, fue electo por los culiacanenses. El aspecto más criticable es que haya enviado a su ahijado, aunque el ahijado sea un excelente funcionario, que tendrá que demostrarlo y no hacer quedar mal con su padrino. 

Los mensajes que me llegaron es que el alcalde de Mazatlán, Guillermo Benítez aceptó “la invitación del gobernador Rocha Moya a convertirse en su secretario de Turismo en Sinaloa”, obviamente arrastrando una imagen de corrupto. 

El comentario de mi amigo el periodista mazatleco, Francisco Chiquete, me pareció muy acertado, porque tiene el pulso político de los mazatlecos y tiene mucha contundencia cuando dice: “Lo que el gobernador había ganado ante la sociedad mazatleca con la salida del Químico Benítez de la Presidencia Municipal, lo tiró por la borda al designarlo secretario de Turismo”. 

Y finalmente a Rocha Moya le está sucediendo como al cohetero “no queda bien con nadie”. 

Y es muy posible que el gobernador siga repitiendo algunos de estos errores, por la emoción, por la falta de visión política o precisamente por la ausencia de oficio político. 

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