CNTE perdió en la cancha

Sólo le falto dar las gracias a Julián Quiñones y Raúl Jiménez por lograr lo que los secretarios de Educación, ISSSTE y Gobernación no pudieron: doblar a la CNTE que perdió en la cancha del otrora Estadio Azteca.

José Gil Olmos

El partido de inauguración del Mundial de Futbol era clave para el gobierno de Claudia Sheinbaum que, por estrategia política, decidió no asistir ni al estadio ni al Zócalo.

Una derrota del equipo mexicano se sumaría a la tormenta perfecta que ya amenazaba con el CNTE, estudiantes de Ayotzinapa y madres buscadoras en los alrededores del estadio. Así que el primer gol fue la gloria y la presidenta no lo pudo ocultar festejando a brincos y con la bandera tricolor en el parque deportivo Los Galeana al que llegó.

El segundo gol fue la rúbrica de un festejo que políticamente es un respiro y que deja a la CNTE fuera de lugar, con una derrota que ahora tendrá que asumir en la cancha política de la Secretaría de Gobernación, donde había mantenido su postura no negociable de cambiar las leyes del ISSSTE y la forma de mantener el control de las plazas.

Sin llegar a un acuerdo la CNTE le apostó a que perdería la Selección de futbol para de ahí aumentar la presión en la mesa de negociaciones con los secretarios de Educación, ISSSTE y la de Gobernación, a quienes había anulado todos los días en los que se reunieron.

Sheinbaum festeja goles. — Foto: Montserrat López.

Motivados por un sector de la prensa que ha criticado de manera constante y permanente al gobierno de la 4T por sus yerros y por el historial negro de varios de sus integrantes que son señalados de tener vínculos con el crimen organizado, los maestros reforzaron su presencia con contingentes de varios estados para sabotear el arranque del Mundial.

Con marchas y bloqueos consiguieron la atención de la prensa internacional que acudió a la inauguración del Mundial de futbol. Lo mismo hicieron las familias de desaparecidos que desde el gobierno anterior de Andrés Manuel López Obrador han sido menospreciadas en su legitima demanda de encontrar a sus seres queridos.

No obstante, la clave de su estrategia era otra y estaba dentro del Estadio de la Ciudad de México, donde se disputaban el partido México y Sudáfrica. Ahí, sobre la cancha su fusionaban y se jugaban la victoria o la derrota la política y el deporte.

El equipo mexicano dirigido por Javier Aguirre era más que un grupo de jugadores de futbol. Para la CNTE y para el gobierno significaban mantener o desinflar el conflicto, que ya no era sólo magisterial sino social, con la participación de las familias de desparecidos, los estudiantes de Ayotzinapa y grupos de choque encapuchados.

Una vez que el árbitro brasileño pitó el final del partido con el triunfo de México, la correlación de fuerzas cambió. El gobierno mandó el mensaje que en la mesa negociaciones ya no hablarían con los dirigentes de los maestros, sino que irían a las escuelas a consultar directamente las demandas.

Las multitudinarias manifestaciones de júbilo y festejo por el triunfo de la Selección, tanto en las calles como en las plazas, fueron el preludio de lo que sucedió al siguiente día. La CNTE retiró los campamentos que tenía en el Centro Histórico, y aunque volvieron a cerrar la circulación vehicular entre Reforma e Insurgentes, su presencia estaba menguada.

La presión social y política que había sobre la presidenta Sheinbaum perdió fuerza con el triunfo de la Selección. Como en otros mundiales, los conflictos sociales, políticos y militares se habían traspolado a la cancha y su destino final estaba marcado por un balón en las redes de la portería adversaria a la del equipo local.

El viernes, en su conferencia matinal, la presidenta Sheinbaum resumió lo que significó el triunfo de la Selección Nacional de futbol: “Ahí es cuando uno piensa que el que apuesta en contra de México siempre le va a ir mal en la cancha, le va a ir mal en la política, le va a ir mal en la vida. Quienes queremos a México, nos va bien en la cancha, nos va bien en la vida y va bien en la política”.

Sólo le falto dar las gracias a Julián Quiñones y Raúl Jiménez por lograr lo que los secretarios de Educación, ISSSTE y Gobernación no pudieron: doblar a la CNTE que perdió en la cancha del otrora Estadio Azteca.