Sinaloa: La estafa sobre ruedas: La falsa quiebra del “pulpo camionero”

Alvaro Aragón Ayala

Culiacán atraviesa un secuestro institucional donde la narrativa de la crisis financiera permanente del transporte público es la mayor cortina de humo construida por el “pulpo camionero”. Esta estructura de contubernio, acaparamiento y opacidad entre los liderazgos concesionarios y las autoridades gubernamentales se ha mantenido bajo el ropaje de un servicio deficitario para justificar subsidios, aumentos arbitrarios de tarifa e impunidad operativa. La realidad es que el transporte en la capital sinaloense es un negocio redondo y altamente rentable para una oligarquía cerrada, a costa de ofrecer un servicio profundamente indigno e ineficiente para la mayoría de los usuarios.

El argumento predilecto de las alianzas y agrupaciones sindicales para presionar por tarifas que superan los 15 pesos es la supuesta quiebra provocada por los costos operativos y la inflación, pero la dinámica del sector demuestra lo contrario. Detrás de la figura tradicional del “hombre-camión” no existen cientos de pequeños microempresarios independientes, sino una red de tenedores de permisos que rentan, acaparan y subconcesionan placas a espaldas del interés público. Un puñado de familias e intermediarios acapara decenas de concesiones, cobrando liquidaciones diarias a los choferes sin asumir los costos de modernización, mientras la falta de un fideicomiso transparente perpetúa la peligrosa “guerra del centavo” y el hacinamiento en las unidades.

Las supuestas modernizaciones del pasado, como el programa RedPlus en 2007, demostraron que las intervenciones gubernamentales solo han servido como esquemas cosméticos de transferencia de recursos públicos a manos privadas. Pintar las unidades de blanco y guinda no modificó la estructura de fondo, dejando intactos el modelo de concesión individual, la renta informal de permisos y la ausencia de una verdadera empresa operadora. Mientras la ciudad invertía en parches, el monopolio fragmentado de las 53 rutas actuales continuó provocando sobreoferta en el cuadro central de la ciudad, desabasto en las colonias periféricas y una expulsión masiva de usuarios hacia el automóvil particular.

Para revertir este colapso y garantizar la movilidad como un derecho humano, resulta urgente e incuestionable ejecutar una revisión legal profunda que permita liberar el transporte público y romper el acaparamiento. La autoridad estatal debe auditar la titularidad de cada concesión y decretar la revocación inmediata de todos los permisos sujetos a prestanombres, especulación o arrendamiento. Las concesiones son un bien público otorgado para servir a la comunidad y no un título patrimonial hereditario, por lo que el esquema de “hombre-camión” debe extinguirse formalmente para forzar la transición hacia empresas operadoras bajo un modelo de pago por kilómetro recorrido.

Esta transformación estructural requiere retirar la rectoría del transporte a las dependencias políticas tradicionales y crear una Autoridad Metropolitana de Movilidad con autonomía técnica y financiera. Dicho organismo debe asumir el control total de la planeación de rutas y la centralización del recaudo a través de un fideicomiso único y pago electrónico, garantizando que el dinero recaudado vuelva a la operación y mantenimiento del sistema. Solo mediante este control institucional será posible desmantelar las negociaciones oscuras con los gremios y asegurar que el transporte funcione en beneficio de la ciudadanía y no de las cúpulas camioneras.

El salto definitivo hacia el futuro exige concretar el Sistema Integrado de Transporte Eléctrico (SITE), articulando la infraestructura que Culiacán necesita urgentemente ante sus extremas condiciones climáticas. La implementación de un Tren Ligero Eléctrico en el corredor norte-sur por la Avenida Álvaro Obregón, complementado con líneas de Metrobús BRT en ejes troncales y microbuses eléctricos alimentadores en los barrios, podría convertir las antiguas rutas en una red jerarquizada y eficiente. Financiar e implementar este sistema no es un lujo ni una propuesta inviable, sino la única ruta técnica y política para arrebatarle el control de las calles al “pulpo camionero” y garantizar el derecho a una ciudad habitable, equitativa y moderna.