Atajar las causas
Bernardo Bátiz V.*
Nuestra Presidenta, que ha demostrado temple y prudencia para gobernar, en varias ocasiones ha insistido en que es importante atender las causas de los problemas antes de que se presenten, que tratar de corregirlos a posteriori. Desde que se logró derrotar al viejo régimen que gobernó a México durante casi noventa años y se inició lo que se ha llamado Cuarta Transformación, se inició en México un cambio político de fondo, una verdadera transformación.
La democracia era letra muerta en la Constitución, se convirtió en realidad Los grandes cambios a través de la historia se habían logrado en México mediante levantamientos y guerras fratricidas; la Independencia fue posible después de una guerra de más de diez años iniciada por Miguel Hidalgo y continuada entre otros como los hermanos Bravo, Morelos, Vicente Guerrero y algunos más; la guerra pudo ser detenida finalmente mediante un tratado de paz entre el caudillo del sur, Vicente Guerrero y el general realista Agustín de Iturbide.
La reforma separó a la Iglesia del Estado y consolidó la democracia; no se consiguió sino después de largos períodos de lucha entre liberales y conservadores y algo similar sucedió con la derrota de las dictaduras de Porfirio Díaz primero y luego de Victoriano Huerta en la Revolución Mexicana; se acabaron las dictaduras, el acaparamiento de la tierra y el despotismo, pero a costa de un millón de muertos.
En cambio, la última transformación, la de la derrota del viejo sistema, fue algo muy distinto; resultó de un movimiento popular surgido desde abajo y que encontró un líder inquebrantable, con gran valor civil, enemigo de la violencia que convenció con su ejemplo y su palabra.
El esfuerzo fue suficiente para lograr lo que parecía imposible, la 4T impuso en forma pacífica, nuevos conceptos y definió valores políticos y éticos: “el pueblo es primero”; “no robar, no mentir, no traicionar al pueblo” y logró algo sumamente difícil, el viejo régimen quedó atrás y llevamos ya ocho años de gobierno con otros criterios y valores.
En este “segundo piso” del cambio, se ha puesto el énfasis no sólo en enfrentar los problemas cuando ya están encima, sino se ha buscado detectar y combatir las causas de los mismos. Por ejemplo, para combatir la delincuencia y en especial la delincuencia organizada, no más años de cárcel o sanciones más severas o construir reclusorios. Lo que se busca es atender las causas.
Algunos ejemplos que comparto con mis lectores: Uno es el combate al analfabetismo de diversas maneras, una de ellas es atender la parte material de la educación, esto es que las escuelas cuenten con todo lo necesario para que niños y adolescentes encuentren el espacio adecuado; otro es establecer sistemas de regularización de estudios y de educación para quienes interrumpen sus cursos o carreras.
A partir del gobierno de López Obrador se iniciaron cambios muy importantes a los que se les ha dado continuidad en el actual gobierno; uno de ellos es el programa de desarme. Muchos se sorprendieron cuando en el terremoto del 19 de septiembre de 1985, aparecieron en los edificios caídos en Tlatelolco, una o varias armas de fuego sin licencia y sin precaución alguna; muchas personas conservan armas, con o sin registro y con o sin permiso.
Dentro de las medidas preventivas, que precisamente combaten las causas de los delitos y no se espera a que estos se cometan para dar inicio al trabajo de investigación y a los procedimientos judiciales, es el atinado programa de desarme.
Desde el gobierno anterior se inició este novedoso programa que consiste en recibir las armas de fuego que los ciudadanos con permiso o sin permiso suelen tener en su poder, sin pedir explicaciones ni requisitos, con buenas o malas intenciones y se canjean por despensas y otros bienes útiles para los ciudadanos que los reciben con beneplácito, no hay duda de que las armas son herramientas para agredir, son peligrosas y provocan delitos o accidentes. Se olvida o se hace a un lado el principio jurídico vigente en todo el mundo según el cual es el Estado el que debe mantener el monopolio de la fuerza y el uso de las armas, en defensa de la soberanía y de la paz social.
La campaña a cargo de la Secretaría de Gobernación ha sido sin duda eficaz y la idea no es reciente, la práctica viene desde que se llegó al gobierno de la Ciudad en 2000 y sin duda es un ejemplo claro de atención a las causas antes de que los efectos nocivos se vuelvan realidad.
Un ejemplo más es el gran esfuerzo que ha hecho la Secretaría de Educación Pública a través del INEA, que según noticia reciente de La Jornada, ha atendido a poco más de 481 mil personas que por algún motivo interrumpieron sus estudios o no obtuvieron las constancias para acreditar que los hicieron.
Como se ve, atender las causas y no sólo los efectos de delitos o actos antisociales, no es solamente un discurso o una buena intención; en muchas áreas del gobierno y de la atención a los gobernados, el principio es una realidad que percibimos los ciudadanos como el cumplimiento de la palabra empeñada desde que se propuso el cambio por la vía pacífica.
