Periodismo y Rubén Rocha

Álvaro Aragón Ayala 

En la elección del 2010, algunos noticieros radiofónicos y periódicos perdieron credibilidad, pero “ganaron la elección”, al resultar victorioso en la contienda el candidato de la alianza PAN-PRD-Convergencia, Mario López Valdez, sobre Jesús Vizcarra Calderón, abanderado del PRI-Nueva Alianza-PVEM. En la jornada electoral se debatió sobre ejercicio del periodismo militante y se censuró la utilización de los medios como “cuartos de guerra” en los que se delineaban estrategias para desacreditar candidatos y otras figuras políticas. 

Del 2010 a la fecha, los tradicionales noticieros de radio tratan de rescatar la credibilidad perdida, sin embargo, han extraviado audiencias por la “división” de los grupos radiofónicos que ejercían una especie de monopolio informativo y por la propagación de nuevos noticieros de radio que les quitan audiencias. Los medios impresos redujeron casi a su mínima expresión el tiraje. El periodismo de tinta y papel es aplastado por las plataformas digitales que difunden la noticia a la velocidad de la luz. La era de la electrónica acabó con los mitos y los dueños de la “verdad informativa”.   

LOS NUEVOS “COLUMNISTAS” 

En el proceso electoral 2021, en el enfrentamiento electoral de Rubén Rocha Moya, candidato del Morena-PAS, y Mario Zamora Gastélum, de la alianza PRI-PAN-PRD, empresarios de la comunicación y periodistas entraron en el tradicional proceso de toma y daca para posicionar al candidato de su preferencia. Por los intereses en juego y lo ríspido de la contienda las definiciones del gremio de la comunicación fueron demasiado obvias

El triunfo de Rocha constituyó la derrota de algunos medios de comunicación y periodistas y obligó a los propietarios de radiodifusoras y las casas editoriales a crear nuevos formatos y buscar en el universo político colaboradores específicos para ofrecer la percepción de apertura y pluralidad. En esa “reingeniería” o “modernización”, figuras relevantes del PRI y del PAN encontraron cobijo en los medios como “columnistas” o “analistas” que azotan al gobierno de la 4T y todo proyecto político que no se ajuste a sus intereses políticos grupales o personales.  

LA FOTO CON LOS POLITICOS     

Es un principio ético y una exigencia ciudadana que los periodistas tomen debida distancia de los actores de los que informan, analizan o critican. Si un periodista quiere ser creíble y respetado, por el Poder y la sociedad, debe evitar manifestaciones públicas que revelen su militancia partidaria y que comparte amistad y complicidad con los actores del poder.  

La debida distancia ofrece la oportunidad de actuar con independencia, cuando menos relativa, al interpelar o analizar al político o gobernante por un acto de corrupción o una política que considere mal diseñada o aplicada y que dañó a la población. No es correcto que el periodista se simbiotice con la clase política o gubernamental y que se ubique como protagonista de la noticia. 

Javier Darío Restrepo (+) experto en ética periodística, Premio Gabriel García Márquez de Periodismo y el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, señaló dos hechos que resultan destructivos para el periodista: 1.- La relación con el poder, que pone en duda la independencia y, por tanto, la credibilidad del periodista. 2.- La imagen del político triunfante con el periodista en el momento de la victoria electoral puede ser vista como un compromiso con el político y/o como un gesto oportunista. 

EL LINCHAMIENTO POLITICO 

El análisis periodístico, apoyado con razonamientos lógicos, deben ayudar a orientar el examen de la sociedad sobre el ejercicio de gobierno. En la elaboración de un diagnóstico hay que entender que la política es un proceso que se desenvuelve por etapas, cada una de las cuales posee sus actores, restricciones, decisiones, desarrollos y resultados propios. 

La sobrepolitización del análisis o del comentario lleva al linchamiento periodístico porque se sostiene en una concentración excesiva en la política devorando la realidad, en una concentración excesiva en los aspectos más frívolos de la propia política, y porque tergiversa acciones de índole político o administrativo. 

La sobrepolitización del diagnóstico sostenido en gestos, rumores o chismes no se ajusta al contexto social, y pierde la perspectiva histórica, la valoración ética y el análisis lógico. La opinión vaga y a veces ridícula desplaza al hecho y la ocurrencia al análisis. La sobrepolitización raya en la “politiquería informativa” y toca las puertas de la teoría conspiratoria.  

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