Pega violencia en Sinaloa a empleados de restaurantes y bares

Arturo Cano / Tercera de cuatro partes

Juan S. Millán ve desfilar por el restaurante de su propiedad a políticos de todos los colores. Muchas veces se acercan a saludarlo y a conversar con él. Millán fue gobernador de Sinaloa de 1999 a 2004, tras una elección en la que se impuso al panista Emilio Goicochea y al ahora gobernador Rubén Rocha Moya, quien entonces contendió con las siglas del PRD.

Al finalizar su mandato, Millán puso en la silla a su antiguo socio Jesús Aguilar Padilla, quien –concluido su periodo– impulsó para sucederlo al empresario Jesús Vizcarra (SuKarne, Salud Digna). Millán se inconformó y, por debajo, apoyó a Mario López Valdez, quien había roto con el PRI (hoy, nuevamente, es dueño de lo que queda de ese partido en la entidad).

Millán fue durante largos años la cara “moderna” de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), y uno de los consentidos de Fidel Velázquez.

Teniendo en cuenta esos antecedentes, se le pregunta:

–¿Cómo ve a la CTM?

–¿Cuál? No queda nada.

La pregunta es sólo para abrir boca y hablar de la situación actual de la entidad que gobernó.

Millán mira hacia sus espaldas, al ventanal del restaurante, como si reviviera el día del primer culiacanazo, el 17 de octubre de 2019, cuando ocurrió la fallida operación para aprehender a Ovidio Guzmán López.

“Hasta acá se escuchaban los balazos, estaban como a 150 metros”, dice el ex gobernador.

Cuenta con cierto detalle las amenazas que, por radio, lanzaban los delincuentes: que iban a ir a quemar las casas de los militares con sus familias adentro. Era, dice, “una voz con mucha autoridad”.

Millán, de 82 años, habla con desparpajo de la clase política. Jura, por ejemplo, que no escribirá sus memorias para no hacer el “ridículo” como Francisco Labastida y barajea, con mucho conocimiento, los nombres de las y los aspirantes a suceder a Rocha Moya.

Cuando habla de los delincuentes, en cambio, es más cuidadoso. Refiere “información que circula” en las redes sociales, videos que muchos otros han visto y que dan por buenos.

Hace referencia, por ejemplo, al control que Los Chapitos tienen sobre el riego agrícola.

Y refiere acerca de un video en el cual el encargado de un módulo de riego explica el modo de operar de los delincuentes: nueve de cada 10 pesos que pagan los agricultores por el servicio van a parar a manos de la maña.

En el gobierno federal cuentan con información de que ese control habría agravado la escasez que padecen las presas del estado, que actualmente están sólo a 8 por ciento de su capacidad.

–¿Cuándo va a terminar esto?

–Cuando se les acabe el dinero (para mantener a sus ejércitos), ya no tarda.

En la misma charla, Millán, agrega: “O tal vez como dijo el general: cuando ellos quieran”.

El ex gobernador se refiere a la declaración del general Francisco Jesús Leana Ojeda, que en septiembre de 2024, luego de los primeros días de enfrentamientos, dijo que esperaba que la violencia se detuviera “lo más rápidamente posible, pero no depende de nosotros, depende de los grupos antagónicos, que dejen de hacer confrontación entre ellos y que estén dejando a la población en paz para que viva con tranquilidad”.

Poco después, el militar fue cambiado de adscripción.

El mercadito de los dólares

Estados Unidos acaba de apretar las tuercas, a través del Departamento del Tesoro, al bloquear propiedades y cuentas de seis personas y siete empresas a las que señaló como responsables de lavar dinero “del negocio narcoterrorista del cártel de Sinaloa”.

La otra cara de la moneda está en Culiacán. En la calle Juárez y sus alrededores, en pleno centro histórico de la ciudad, hombres y mujeres esperan a sus clientes. Equipados con sombrillas sostenidas en rines de autos con cemento, y sentados en sillas altas, hacen señas que invitan a los automovilistas a acercarse. Venden y compran dólares.

–¿A cómo recibe?

–A 18.90, bien pagao, amigo.

“Te compran o venden lo que quieras, 10, 20, 50 mil dólares”, dice un culichi que ha llevado a más de un periodista a recorrer el lugar.

Para comprar cualquier cantidad no se necesita, por supuesto, ninguna identificación. “Esto no ha parado nunca”.

El miedo de interpretar temas de Peso Pluma

Entre los primeros en perder sus fuentes de ingresos estuvieron los trabajadores de restaurantes, bares y salones de fiestas. Personal de cocina, meseros y músicos que en los primeros meses del conflicto recibieron del gobierno una ayuda especial de 2 mil 500 pesos por cabeza.

Algunos optaron por convertirse en conductores de taxis por aplicación. Pero no es un trabajo exento de riesgos: “Ya hemos perdido seis elementos”, dice un conductor de Didi.

Algunos de los cadáveres han sido encontrados con un cartel encima: “Sigan ruleteando y los vamos a joder”.

El conductor relata que con frecuencia son detenidos en retenes de la delincuencia y que los “malandros” les exigen mostrar su teléfono: “Ni traes prendida la aplicación, andas de halcón”, suelen decirles.

“Si no traes una rayita en el mapa, la que indica que vas por un pasajero o que la persona que viaja contigo solicitó el servicio, ya te fregaste.”

Los delincuentes también suelen revisar a detalle los teléfonos en busca de mensajes o fotos que indiquen su pertenencia a un bando.

Los músicos, por su lado, tocan ahora en los cruceros, han bajado sus tarifas para atraer clientes, o se contratan por una o dos horas cuando antes lo normal eran sesiones de cinco o más horas.

Manuel Humberto Rodríguez, músico de “norteño clásico”, es quien habla de las penurias de los hombres y mujeres que animaban las fiestas, y que van más allá de la pérdida de ingresos.

Hace poco lo contrataron para ir a tocar dos horas a una fiesta en la colonia Libertad. En la celebración había “un morrito como de cinco años friegue y friegue con que tocáramos una de Peso Pluma”.

La vox populi relaciona al cantante de corridos tumbados con la facción de Los Chapitos, de manera que Rodríguez y sus compañeros se pusieron nerviosos.

No fuera a ser que tocaran una canción que no fuera del gusto de algún vecino. “Nos la sacamos diciendo que nosotros somos músicos de norteño, pero de la vieja escuela, puras canciones viejitas”.

Las jugadas y las chelas

El gobierno de Estados Unidos considera al cártel de Sinaloa una organización “terrorista” y lo responsabiliza de enviar a su territorio “una parte significativa” del “fentanilo ilícito”.

En Sinaloa, además, hace mucho que las facciones del grupo criminal se allegan recursos de variadas maneras.

En Mazatlán, un lugareño señala dos edificios que se construyen en su colonia y pide mirar el logo de la inmobiliaria: “24/7”, dicen los letreros. “Esa es de Los Chapitos y desde que empezó la guerra la obra está parada”.

Desde hace una década, Los Chapitos se hicieron del control de locales conocidos como “jugadas”, negocios de maquinitas tragamonedas. En esos mismos espacios y en todas las tienditas controlan también la venta de vapeadores y de cigarrillos ilegales.

“Aquí dejamos de vender cerveza a las cuatro”, dice el empleado de una cadena de tiendas de conveniencia. “Pero camine derecho, allá por el puente cierran hasta las 10”.

Tanto en Mazatlán como en Culiacán, según diversos testimonios, los negocios legales pueden vender cerveza sólo hasta las 8 de la noche, y no hay quién se atreva a romper la regla. A partir de esa hora, la venta del muy consumido líquido está en manos de los delincuentes.

Con información de La Jornada

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