Los derechos de las personas trabajadoras del hogar siguen sin materializarse plenamente

Marcelina Bautista

A 15 años de la adopción del Convenio 189 de la OIT sobre las trabajadoras y los trabajadores domésticos, y a cuatro años de su ratificación en México, las personas trabajadoras del hogar aún no ven materializados plenamente sus derechos.

El 16 de junio de 2026 se cumplen 15 años de la adopción del Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre las trabajadoras y los trabajadores domésticos, un instrumento histórico que reconoció que el trabajo del hogar es trabajo y que quienes lo realizan deben gozar de los mismos derechos laborales que cualquier otra persona trabajadora.

Para México, esta conmemoración representa una oportunidad para reflexionar sobre los avances alcanzados, pero también sobre las deudas pendientes. Aunque el país ratificó el Convenio en 2020 y realizó reformas legales importantes, la realidad cotidiana de miles de personas trabajadoras del hogar continúa marcada por la informalidad, la desigualdad y la falta de acceso efectivo a sus derechos.

Durante décadas, el trabajo en el hogar fue excluido de la protección laboral plena y de la seguridad social. Esta exclusión afectó principalmente a mujeres, muchas de ellas indígenas, migrantes y niñas pertenecientes a sectores históricamente discriminados. El Convenio 189 surgió precisamente para corregir esa injusticia histórica y establecer estándares mínimos de trabajo digno, incluyendo seguridad social, salario digno, jornadas reguladas, descanso semanal, protección contra la violencia y acceso a mecanismos de justicia laboral.

México dio pasos importantes al reconocer legalmente estos derechos. La ratificación del Convenio representó un compromiso internacional y político de gran relevancia. Asimismo, las reformas laborales y la incorporación de las trabajadoras del hogar al sistema de seguridad social constituyeron logros que, hace apenas una década, parecían inalcanzables.

Sin embargo, los avances normativos no se han traducido plenamente en cambios estructurales. La mayoría de las personas trabajadoras del hogar continúa laborando sin contrato escrito, sin acceso a prestaciones y sin afiliación a la seguridad social. La informalidad sigue predominando en un sector que emplea a más de dos millones de personas trabajadoras del hogar en México. En muchos hogares persisten prácticas que normalizan jornadas extensas, salarios insuficientes y relaciones laborales basadas más en la subordinación personal que en el reconocimiento de derechos.

La brecha entre la ley y la realidad evidencia que la ratificación de un convenio internacional, por sí sola, no garantiza la transformación de las condiciones laborales. Se requieren políticas públicas más concretas, mecanismos efectivos de inspección, campañas de sensibilización dirigidas a empleadores y una estrategia nacional que facilite el cumplimiento de las obligaciones laborales en el trabajo del hogar.

También es indispensable reconocer el papel que hemos desempeñado las propias trabajadoras del hogar en la conquista de estos avances y de nuestros derechos. Los cambios legislativos no fueron concesiones espontáneas; son resultado de más de 25 años de organización, movilización y defensa de derechos impulsadas por un movimiento de mujeres trabajadoras del hogar que nos negamos a aceptar la invisibilidad como destino.

A quince años de la adopción del Convenio 189, el balance para México es claro: se ha avanzado en el reconocimiento jurídico, pero aún falta materializar plenamente los derechos en la vida cotidiana de las personas trabajadoras del hogar. La deuda ya no está en la ley. La deuda está en su cumplimiento, y esa responsabilidad nos corresponde a todos.

Conmemorar este aniversario no debe ser un ejercicio protocolario. Debe ser un llamado a la acción para que el trabajo del hogar deje de ser un espacio de excepción y se convierta, finalmente, en un ámbito donde prevalezcan la dignidad, la igualdad y la justicia laboral.

Porque los derechos reconocidos en el papel solo adquieren sentido cuando se viven y se ejercen todos los días.

Para el Centro Nacional para la Capacitación Profesional y Liderazgo de las Empleadas del Hogar, A.C. (CACEH), este convenio es clave porque convirtió una demanda histórica del sector en un estándar internacional exigible. No solo dio sustento jurídico a reclamos como seguridad social, descanso, jornadas justas, salario digno y acceso a la justicia; también ayudó a transformar la conversación pública y a reforzar la legitimidad de la causa.

Bajo este contexto de informalidad, normalización y falta de acceso a la justicia, y en el marco del 15 aniversario del Convenio 189, el Centro Nacional para la Capacitación Profesional y Liderazgo de las Empleadas del Hogar (CACEH) lanza la campaña “Hacia una nueva cultura en el trabajo del hogar”, cuyo objetivo es contribuir a una transformación social y cultural en torno al trabajo del hogar, de manera que sea entendido y tratado como una relación laboral con dignidad, derechos, seguridad social, reconocimiento económico y social, reglas claras desde el inicio y protección frente a la violencia, la discriminación y el racismo.

¿A quién nos dirigimos?

La campaña está orientada al trabajo del hogar y a las personas trabajadoras del hogar; sin embargo, el público principal no podía limitarse solo a ellas. La campaña busca interpelar especialmente a:

Personas empleadoras.

Sociedad en general.

Tomadoras y tomadores de decisiones.

Medios de comunicación.

Actores con capacidad de amplificar o legitimar la conversación.

Audiencias jóvenes digitales.

La razón es sencilla: si el problema es cultural, entonces el cambio no puede recaer únicamente en quienes ya viven la desigualdad. También debe involucrar a quienes sostienen, reproducen o pueden transformar esas normas sociales.

Llamado a la acción

El llamado a la acción para impulsar el cambio cultural en torno al trabajo del hogar es el reconocimiento, la valoración, la profesionalización y la garantía de derechos.

Aquí se proponen dos acciones para cada sector, para que seamos parte de este cambio cultural hasta que se convierta en una práctica cotidiana.

Empleadores

Formalizar la relación laboral mediante la firma de un contrato por escrito, la afiliación a la seguridad social y condiciones de trabajo dignas.

Participar en campañas de sensibilización sobre el valor del trabajo de cuidados, los derechos de las personas trabajadoras del hogar y el cambio cultural.

Gobierno y tomadores de decisiones

Fortalecer y hacer cumplir la legislación laboral y los mecanismos de inspección para proteger los derechos de las personas trabajadoras del hogar.

Desarrollar capacitaciones para funcionarios que atiendan, en cada estado, las particularidades del trabajo del hogar desde la perspectiva de las personas trabajadoras del hogar.

Medios de comunicación

Generar contenidos que visibilicen las contribuciones del trabajo del hogar y rompan estereotipos de género, clase y origen étnico.

Incluir testimonios y narrativas que presenten a las personas trabajadoras del hogar como sujetas de derechos y agentes de cambio.

Universidades

Incorporar en la investigación y la docencia temas relacionados con los cuidados, el trabajo del hogar y las desigualdades laborales.

Desarrollar proyectos o estudios que generen evidencia para mejorar políticas públicas y prácticas sociales.

Jóvenes

Promover espacios educativos y campañas digitales que fomenten la corresponsabilidad en las tareas del hogar y de cuidados desde edades tempranas.

Crear iniciativas de sensibilización en escuelas y redes sociales que cuestionen prejuicios y valoren el trabajo del hogar como trabajo digno.

¿Qué es “Hacia una nueva cultura en el trabajo del hogar” en pocas palabras?

No puede hablarse de un país más justo si el presente laboral de millones de trabajadoras del hogar sigue marcado por la informalidad, la desigualdad y el incumplimiento de derechos. El futuro también se construye en los hogares, y por eso hace falta una nueva cultura en el trabajo del hogar.