Mario Zamora: el reciclaje de una promesa galáctica del 2021
Alvaro Aragón Ayala
La propuesta de creación de una Financiera Estatal, abanderada por Mario Zamora Gastélum hace un lustro, emergió nuevamente en la palestra pública. En su reciente incursión en los Estados Unidos, el legislador priista esgrimió el presunto respaldo del Banco Mundial como aval de su iniciativa. No obstante, en la praxis financiera, la validación de un proyecto de esta envergadura exige una solidez que rebasa la simbología fotográfica o la presencia corporativa.
Este ciclo de reciclaje propagandístico obliga a cuestionar la viabilidad técnica, la estructura de capital, la gestión de riesgos y la carencia de concreción de una propuesta que, desde su génesis en 2021, se mantiene en una obscuridad operativa.
Es verdad. Existen promesas políticas que, por su naturaleza, caducan tras el escrutinio de las urnas; otras, en cambio, se transforman en expedientes recurrentes ante la proximidad de nuevos procesos electorales. La iniciativa de Zamora se inscribe en esta última categoría. Durante su campaña de 2021 por la gubernatura, bajo la coalición PRI-PAN-PRD, propuso un ente crediticio diseñado para dotar de liquidez al sector primario y a las pequeñas y medianas empresas (PyMEs). En aquel entonces, las cifras oscilaron entre mil y dos mil millones de dólares, que serían supuestamente gestionados ante organismos multilaterales como el Banco Mundial y el BID. Sin embargo, tras la resolución electoral, el proyecto se disolvió en la omisión: no hubo actas constitutivas, proyecciones financieras, esquemas de gobernanza ni instrumentos contractuales vinculantes.
Cinco años después, habiendo consolidado una trayectoria como legislador federal -lo que supone un mayor acceso al conocimiento técnico y relacional-, Zamora intenta revitalizar su propuesta. La narrativa actual, apoyada en una escenografía de corte internacional, carece de la sustancia documental mínima. En este sentido es relevante deslindar la retórica política de la realidad operativa: los organismos internacionales no comprometen capitales de esa magnitud sin una rigurosa arquitectura legal, cartas de intención formalizadas, auditorías de riesgo y garantías soberanas o privadas debidamente constituidas. Ante este escenario, surge la duda legítima sobre si el proyecto cuenta con el sustento fáctico necesario o si estamos ante una reconfiguración narrativa sin respaldo técnico.
El escrutinio técnico se torna ineludible cuando se habla de “crédito barato”, pues este conlleva implícitamente costos de fondeo y riesgos operativos que no desaparecen por discurso. La viabilidad de una financiera depende de una estructura jurídica clara que defina el perfil de riesgo, la cobertura de cartera vencida y la mitigación de pasivos contingentes. ¿Quién absorberá el diferencial de tasas si la institución opera bajo condiciones de mercado deficitarias? ¿Cuál será el esquema de participación accionaria y quién ostentará el control de la gobernanza? La transparencia sobre el origen del capital social y la estructura de toma de decisiones es indispensable, especialmente cuando se trata de una entidad que, pese a su loable vocación social, debe operar bajo estándares de prudencia bancaria.
La cuestión reside en la solvencia real y la capacidad de fondeo de la institución que solo existe hasta ahora en el plano de la promesa. Considerando la trayectoria previa de Zamora en la Financiera Nacional de Desarrollo (FND), la exigencia de rigor debe ser mayor. La reaparición de esta iniciativa justo antes de la antesala electoral de 2027 invita a reflexionar sobre si la propuesta responde a un plan de desarrollo económico debidamente estructurado o si, por el contrario, obedece a una estrategia de posicionamiento político. El sector productivo de Sinaloa requiere certeza, tasas competitivas, plazos claros y una operatividad exenta de sesgos clientelares.
En última instancia, Mario Zamora tiene la oportunidad de elevar el nivel del debate, transicionando de la promesa política al proyecto técnico. Para que la Financiera Estatal deje de ser un eco de 2021 y se convierta en una herramienta de transformación económica, es indispensable que presente el plan de negocios, los convenios con los organismos internacionales, el modelo de capitalización y un cronograma operativo tangible. Mientras estos elementos permanezcan ausentes, la propuesta seguirá siendo, ante la opinión pública y los expertos, una reedición de aspiraciones no concretadas, subordinada a la inercia de la contienda electoral.
