Sinaloa: El diputado César Guerrero lucra políticamente con la pobreza
Alvaro Aragón Ayala
El diputado de Morena, con raíces en el PAN, César Ismael Guerrero Alarcón, formado en la frialdad de las hojas de cálculo y en los balances financieros de la derecha más pragmática, cambió el activo. En el municipio de Ahome, para él, su proyección política-electoral no radica en el impulso a programas de vivienda de interés social, sino en los metros de plástico negro que el legislador reparte entre las familias más jodidas.
Su salto del azul al partido guinda no fue una conversión ideológica ni un súbito chispazo de iluminación social; fue, en términos políticos, una reestructuración de cartera. El contador público entendió rápidamente que, en la nueva burocracia, el capital más rentable no siempre son las inversiones: también puede ser la desesperación acumulada bajo el agua.
Para el contador transmutado, la pobreza no representa una injusticia que deba erradicarse, sino un inventario que debe administrarse. Criado bajo el amparo de la pragmática financiera de Acción Nacional y cuestionado públicamente por sectores pesqueros que conocen de cerca su trayectoria, el hoy diputado encontró en Morena el escenario perfecto para convertir la carencia en espectáculo y la necesidad en propaganda.
LUCRANDO CON LA POBREZA
Cuando las primeras nubes de lluvia amenazan los techos de cartón de las comunidades rurales y las colonias marginadas de Ahome, no aparece el estadista con un programa de vivienda ni el legislador con una propuesta estructural para sacar a las familias de la precariedad.
Por el contrario, sobresale el diputado con su ropaje de comerciante de la compasión. Con una cámara al frente y un rollo de hule negro bajo el brazo, el diputado no distribuye dignidad: reparte parches de hule negro. Parche para el techo que se cae a pedazos y, de paso, parche para su propia imagen política.
Por supuesto que, ante una emergencia, cualquier ayuda puede representar un alivio inmediato. Lo grave aparece cuando la ayuda temporal se convierte en política permanente, la necesidad se transforma en escenario y la carencia termina funcionando como fondo fotográfico para la promoción personal.
El acto representa una de las formas más pobres del pragmatismo político: no se combate la causa de la gotera; se administra la gotera, ya que, si el techo se consolida, si la vivienda mejora y si la familia deja atrás la precariedad, desaparece también el escenario donde el político puede presentarse como salvador.
El hule negro se convierte así en el símbolo perfecto de una política asistencialista mal entendida: impermeabiliza la miseria durante una temporada, la protege de la lluvia, pero la condena a seguir siendo cartón.
La retórica del “Humanismo Mexicano” y el principio de “Primero los pobres” se reducen, en la práctica del diputado Cesar Ismael Guerrero, a una bolsa miserable de ayuda, un rollo de plástico y una fotografía cuidadosamente colocada en las redes sociales.
¿Es esto la Cuarta Transformación que abandera la presidenta Claudia Sheinbaum? ¿Es este el humanismo que se proclama desde las tribunas nacionales? Una cosa es auxiliar a una familia durante una emergencia y otra muy distinta es hacer de la emergencia una estrategia política.
Si la política de Estado se mide por las acciones del diputado local de Morena, entonces la narrativa presidencial corre el riesgo de quedar atrapada en una paradoja, pues, mientras desde las tribunas nacionales se habla de transformación social, en Ahome algunos actores parecen conformarse con administrar la pobreza y capitalizarla electoralmente.
No hay nada censurable en auxiliar a quien lo necesita. Lo cuestionable es que la ayuda sustituya a la solución y que la vulnerabilidad de una familia termine convertida en plataforma de promoción personal.
Eso es precisamente lo que debería explicar César Ismael Guerrero: ¿cuántas familias dejarán de necesitar hule si desde el Congreso se impulsan políticas eficaces de vivienda, infraestructura, drenaje, regularización de terrenos y desarrollo social? Ahí está, pues, la diferencia entre asistencialismo, que entrega un plástico para tapar el techo y la transformación que construye una vivienda donde el plástico ya no sea necesario.
EL NEGOCIO POLÍTICO DE LA CARENCIA
Lo criticable no es nada más el rollo de hule. Es la lógica que puede esconderse detrás de él. Si un político convierte una necesidad básica en escaparate de promoción personal, corre el riesgo de invertir la relación entre gobernante y ciudadano, quien dejará de ser sujeto de derechos para convertirse en receptor de favores.
El diputado no está obligado solamente a entregar ayuda. Está obligado a legislar, gestionar recursos, fiscalizar al gobierno y promover soluciones de fondo. El Congreso no es una bodega de rollos de hule. Es un espacio para construir leyes, presupuestos y políticas públicas.
¿Cuál es el proyecto de César Guerrero para que las familias de Ahome dejen de vivir bajo techos de cartón? ¿Dónde está el programa de vivienda? ¿Dónde está la gestión de infraestructura? ¿Dónde está la propuesta para abatir la pobreza patrimonial? ¿Dónde está la política que permita que el próximo temporal encuentre a esas familias bajo un techo digno y no esperando otro rollo de plástico?
