La “cuota invisible”: El PVEM y el PT entran a MORENA por la puerta que la convocatoria no cierra
Alvaro Aragón Ayala
La convocatoria de Morena para designar a la persona que encabezará la Coordinación de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Sinaloa contiene un dato que pasó inadvertido. En ninguna de sus bases establece que el procedimiento esté reservado exclusivamente para militantes de Morena. Por el contrario, el documento distingue entre militantes y aspirantes externos, y únicamente exige acreditar documentalmente la militancia cuando el participante afirma pertenecer al partido. La convocatoria, entonces, abrió la puerta a ciudadanos externos y, en principio, también a perfiles provenientes de partidos aliados.
Esa apertura adquirió una dimensión distinta a partir de las declaraciones del delegado político Ignacio Mier. Según explicó en Culiacan en reunión con los aspirantes, Morena propondrá dos hombres y dos mujeres, mientras que el PVEM y el PT podrán presentar un perfil cada uno dentro de la coalición. Si alguno de los aliados no ejerce esa posibilidad, Morena podría ocupar ese espacio adicional.
Surge aquí la primera incertidumbre jurídica. La convocatoria no precisa un mecanismo específico para reservar lugares a los partidos aliados dentro del proceso interno. El documento regula un procedimiento organizado exclusivamente por Morena y administrado por su Comisión Nacional de Elecciones. Ni el PT ni el PVEM aparecen como convocantes, ni participan formalmente en la conducción del proceso.
La declaración de Ignacio Mier revela entonces un segundo nivel de decisión política: el procedimiento interno de Morena convivirá con una negociación de coalición que no está plasmada en la convocatoria, lo cual evidencia que el proceso real tiene una dimensión política que rebasa el texto del documento.
Si ese esquema se aplica en Sinaloa, podría ocurrir un escenario inédito. Aspirantes provenientes de partidos aliados tendrían posibilidades de permanecer en la etapa decisiva de la selección, mientras algunos militantes históricos de Morena quedarían fuera por efecto de la depuración. No porque la convocatoria privilegie expresamente al PT o al PVEM, sino porque el diseño político de la coalición incorporaría variables adicionales a las previstas en el procedimiento interno.
La marginacion a la militancia es evidente. Morena organiza un proceso propio, pero al mismo tiempo construye una decisión de coalición. La convocatoria establece reglas partidistas, pero la negociación política incorpora a los aliados. Son dos planos distintos que terminan convergiendo en un mismo desenlace.
Desde una perspectiva estratégica, el mensaje precisa que Morena privilegiará la viabilidad electoral de la coalición por encima de una lógica exclusivamente militante. La valoración de la antigüedad perdió estatus, y es rebasada por la utilidad política de determinados perfiles para la alianza.
Significa que la competencia ya no se desarrolla únicamente entre morenistas. La convocatoria permitió la participación de perfiles externos, y la conducción política del proceso incorpora además la lógica de la coalición.
En consecuencia, la gran transformación del proceso interno radica en que Morena sustituyó un criterio de pertenencia partidista por uno de construcción de mayoría política. La militancia dejó de ser la única puerta de entrada. La utilidad estratégica para el proyecto de coalición comenzó a adquirir un peso específico en la definición de la sucesión.
