Salud: entre los informes y la realidad
Una política pública no se mide únicamente por cuántas consultas aparecen registradas en una estadística. Se mide por cuántas personas reciben oportunamente el medicamento que necesitan, cuántos pacientes son atendidos a tiempo, cuántos hospitales cuentan con infraestructura y equipamiento dignos y cuántas familias dejan de gastar de su bolsillo para recuperar su salud
Julieta del Río
Hace un par de días el director de IMSS-Bienestar, Alejandro Svarch Pérez, presentó datos sobre el funcionamiento de este modelo. Se trata, sin duda, de un informe alentador. El crecimiento en el número de consultas, particularmente las de especialidad, muestra que existe una apuesta por ampliar la atención médica y consolidar un modelo nacional de salud.
Según lo informado, en 2026 se han otorgado 29.8 millones de consultas, 50% más que en 2023, mientras que las consultas de especialidad pasaron de 291 mil a 624 mil mensuales entre julio de 2023 y julio de 2026.
El derecho humano a la salud es demasiado importante como para no reconocer cualquier avance que signifique mayor atención para la población.
Pero los informes oficiales también necesitan contrastarse con la realidad.
Mientras se habla de crecimiento en las consultas, pacientes y familias continúan denunciando desabasto de medicamentos e insumos, falta de tratamientos, infraestructura hospitalaria deficiente, equipos médicos que requieren mantenimiento, quirófanos sin condiciones adecuadas y largos tiempos de espera para recibir atención.
Existe, además, un problema que todavía no termina de resolverse y al que debe ponerse especial atención: la transición hacia el IMSS-Bienestar no se ha concretado de manera plena y homogénea en los 24 estados incorporados al modelo.
En las entidades aún existen asuntos pendientes relacionados con la transferencia de inmuebles, recursos, plazas y responsabilidades. También está pendiente la transición de plazas mixtas y persisten señalamientos sobre reducciones presupuestales en distintos capítulos. A ello se suman el desabasto de medicamentos e insumos y la falta de una adecuada planeación para el mantenimiento del equipo médico, particularmente en los grandes hospitales de concentración.
Una transición de esta magnitud requiere absoluta claridad sobre quién es responsable de qué, quién administra los recursos, quién paga al personal, quién responde por las plazas y, sobre todo, quién debe responderle al ciudadano cuando un servicio no funciona.
No basta con anunciar un nuevo modelo. Hay que terminar de construirlo, hacerlo operativo y garantizar que funcione con estándares de calidad en todo el país.
Existe también otro debate pendiente: el financiamiento. Los trabajadores y patrones del sector formal realizan aportaciones para financiar la seguridad social, mientras que IMSS-Bienestar se sostiene principalmente con recursos públicos provenientes de la recaudación general. La discusión no debe convertirse en una confrontación entre quienes cuentan con seguridad social y quienes no. La pregunta de fondo es otra: ¿cómo construir un sistema universal de salud que sea financieramente sostenible, equitativo y capaz de garantizar servicios de calidad para todas y todos?
También es necesario contrastar los resultados oficiales con otros indicadores. Los datos de la ENIGH (Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares) muestran un incremento real de 41.4% en el gasto de bolsillo de los hogares en salud durante el periodo analizado. Los gastos catastróficos aumentaron 64.5% y, en 2024, 44.5 millones de personas carecían de acceso a servicios de salud.
Entonces, sí: celebremos los avances que muestran los informes. Pero contrastémoslos también con la realidad.
Una política pública no se mide únicamente por cuántas consultas aparecen registradas en una estadística. Se mide por cuántas personas reciben oportunamente el medicamento que necesitan, cuántos pacientes son atendidos a tiempo, cuántos hospitales cuentan con infraestructura y equipamiento dignos y cuántas familias dejan de gastar de su bolsillo para recuperar su salud.
El IMSS-Bienestar tiene frente a sí una enorme responsabilidad. Uno de los primeros pasos debe ser concluir plenamente la transición en los estados y dejar perfectamente definidas las responsabilidades administrativas, financieras, laborales y operativas.
Los informes pueden mostrarnos una tendencia. La realidad nos dice si esa tendencia está llegando verdaderamente al ciudadano.
Y ahí es donde debemos poner la mirada. Basta acudir a centros de salud y hospitales, escuchar a pacientes y trabajadores o revisar los testimonios y reclamos para encontrar una realidad que, en muchos casos, todavía contrasta con las cifras oficiales.
Queremos que el nuevo modelo funcione y que la salud pública avance. Pero para lograrlo hay que partir de diagnósticos completos, reconocer lo que funciona y corregir lo que todavía falla. En materia de salud las buenas cifras son importantes; pero mucho más importante es que esas cifras se conviertan en medicamentos, tratamientos y atención oportuna para las personas.
