La dinamita para el futuro gobierno está (casi) lista

Jonathán Torres

El futuro gobierno recibirá un legado que, lejos de generar prosperidad, complicará su gestión. En su primera etapa, estará imposibilitado para imprimir su sello pues operará financieramente atado de manos, solo se encargará de administrar la tarea de gobierno y, hasta en tanto no tome una decisión que inevitablemente lo lleve a asumir un costo político, su suerte estará hipotecada.

En las próximas semanas, las fracciones parlamentarias de Morena en la Cámara de Diputados y en el Senado de la República empujarán la aprobación de la Ley de Ingresos de la Federación (LIF) correspondiente al año 2024 y, poco después, la bancada del mismo partido en el Congreso hará lo propio con el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) para el último año del actual gobierno.

Con ello, y aún con la crítica de la oposición, todo apunta a que la gestión de Andrés Manuel López Obrador le dejará a quien lo suceda, metafóricamente, un arsenal de dinamita que podría estallar en los primeros años de su gestión, ante las dificultades para captar más ingresos y cumplir con sus obligaciones de gasto.

El pasado 8 de septiembre, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público entregó su propuesta para el Paquete Económico para el ejercicio fiscal 2024 con el que, sostiene, pretende consolidar las bases del proyecto de transformación que el presidente detonó en 2018, a través de un “nivel sin precedentes” en el gasto en desarrollo social equivalente a 12.8% del PIB; al mismo tiempo, plantea un crecimiento económico de entre 2.5 y 3.5% en 2024, una recaudación que alcanzará un “máximo histórico” de 14.4% del PIB sin aumentar ni crear impuestos, y un nivel de deuda de 48.8% del PIB, con lo que, asegura, garantiza una transición ordenada para la próxima administración.

Sin embargo, centros de análisis pronostican que el futuro gobierno estará envuelto en un serio problema fiscal y de gasto y, por lo tanto, gobernará por inercia, a menos que se atreva a tomar una decisión que sus antecesores no quisieron tomar. El Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP) advierte que se prevén menos ingresos, un gasto récord y un endeudamiento sin precedentes; mientras que México Evalúa advierte que el Ejecutivo propone un endeudamiento de 1.8 billones de pesos, pero con un gasto de inversión de solo 888,000 millones de pesos y buscando financiar gasto corriente con deuda.

Uno de los espíritus de todo paquete presupuestal es generar proyectos con retornos positivos, pero la valoración alrededor del Paquete Económico 2024 es que en éste domina el componente político, la intención del presidente de mantener una narrativa en la que es posible gobernar en medio de una baja en los ingresos, sin cobrar más impuestos, con la renta petrolera a la baja, pero sí adquiriendo más deuda sin pensar en las implicaciones que esto traerá consigo.

“Cada día, el petróleo deja menos ingresos, se tiene una recaudación fiscal estructuralmente débil, no se van a recaudar más impuestos y viene un endeudamiento más alto. Eso no hace sentido”, afirma Mariana Campos, directora general de México Evalúa. “Entonces, sea quien suceda al actual Presidente, tendrá que asumir un costo político enorme. O ajusta el gasto o sube los impuestos”.

“El futuro gobierno tendrá que tomar decisiones al respecto. Es muy claro que los ingresos no alcanzan para pagar lo que se está gastando. La decisión no es sencilla”, complementa Alejandra Macías, directora ejecutiva del CIEP. “Además, el espacio fiscal se reduce notablemente y eso es algo preocupante pues deja un espacio de maniobra limitado para tener mejores políticas”.

La crisis de las finanzas públicas se profundizará si se mantiene la estrategia que ha persistido por años relacionada con mantener debajo de la alfombra la reforma fiscal. La actual administración no quiso dar el paso. Su narrativa, que en muchos sectores resultó ser pegajosa en el sentido de no subir impuestos, es ahora parte del legado que hoy coloca al país en una posición bastante vulnerable. Visto así, el legado de Andrés Manuel López Obrador no empieza con el Paquete Económico 2024; viene desde el primer día que sostuvo esa política de no impulsar, bajo ninguna circunstancia, una reforma fiscal.

¿Qué puede pasar si la reforma fiscal no llega en el próximo sexenio?

“Lo que va a pasar es que subirá el riesgo de una crisis fiscal y, antes de que eso suceda, de entrada habría una perspectiva negativa en la calificación de la deuda soberana con una posible pérdida en el grado de inversión. Y eso lo cobra inmediatamente el mercado. Realmente, no veo que la nueva Presidenta deje de hacer algo”, proyecta Mariana Campos.

“Los políticos tienen una mirada muy corta, cuando tendríamos que hablar de un proyecto de país independientemente de quién gobernara para lograr desarrollo e igualdad. Hoy, el incentivo es gasta y endéudate ahora, al fin que tú no lo vas a pagar, pero sí millones de mexicanos y probablemente las siguientes generaciones”, añade Alejandra Macías.

La reforma fiscal es un sí o sí para el próximo gobierno. También, redistribuir y ser más eficiente con el gasto. Al mismo tiempo, las entidades federativas tendrían que asumir el costo por cobrar los impuestos locales. Este paquete económico revela que ya estamos en otra era fiscal en México, que ya no debemos posponer.


Los temas presupuestarios y fiscales suelen verse a distancia, por lo que es muy importante dimensionar que cada decisión que toma el gobierno sobre nuestros recursos tiene una implicación directa en nuestras vidas. Por ello, dadas las actuales condiciones, es necesario impulsar el Civismo Fiscal para entender, por ejemplo, que las transferencias no las otorga el presidente de su bolsa. Las nuevas generaciones son pieza clave en esto, dado que ellas asumirán el costo de las decisiones que en este momento se sigan tomando.

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