Las razones históricas y humanitarias para romper relaciones con Israel

Martín Esparza

A poco más de un mes de iniciados los ataques contra la Franja de Gaza por el gobierno de Israel, se calcula más de 10 mil víctimas fallecidas en los incesantes bombardeos. Entre ellos, se encuentra un número incuantificable de niños, pues en la virulenta respuesta al grupo Hamás no se han respetado zonas residenciales o escuelas, ni siquiera hospitales.

Lejos de un cese a las hostilidades, el pasado 13 de octubre, el ministerio de Inteligencia anunció –sin recato diplomático alguno– un plan de “transfer”. Éste conllevará a la expulsión forzosa de 2 millones 300 mil palestinos, en lo que apunta a ser una limpieza étnica en dicho territorio. Algunos especialistas no descartan llamarlo “un genocidio de manual”.

Además del primer ministro, Benjamín Netanyahu, este plan “transfer” –que en ningún sentido pretende el cese al fuego– ha sido apoyado por funcionarios del Ministerio de Defensa, como Yoav Gallant. En la segunda semana de octubre pasado, dijo: “estamos imponiendo un asedio completo a Gaza. Estamos luchando contra los animales humanos y actuaremos en consecuencia”.

De igual manera, Netanyahu ha dibujado el retrato hablado de un moderno genocidio sin precedentes, cuando refirió que reducirían a “Hamás a escombros”. “Huyan de ahí, porque vamos a actuar con toda la fuerza por todas partes”.

Otro ministro, el ultraderechista Ben Gvir refutó el llamamiento de las organizaciones mundiales para emprender una acción humanitaria contra un cerco sin precedentes que ha dejado sin víveres y sin agua a la población civil. Al respecto, expresó amenazante: “la única cosa que necesita entrar a Gaza son cientos de toneladas de explosivos de las fuerzas áreas. Nada de ayuda humanitaria”.

En este eco de terror, pueden citarse las palabras del portavoz del ejército, Daniel Hagari, quien comentó sobre los bombardeos en la Franja de Gaza: “El énfasis está en la destrucción, no en la precisión”.

Ante la creciente e incesante violencia, tal parece que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) resulta una anquilosada caja de resonancias. Está siendo incapaz de ejercer un papel protagónico en el conflicto y en la aplicación de sus propios tratados para evitar y denunciar este genocidio.

Veamos por qué: la Convención para la Prevención y la Persecución del Crimen de Genocidio –aprobada por la Asamblea General de la ONU en 1948 y puesta en marcha en 1951– establece que un genocidio se puede cometer “mediante actos con la intención de destruir, en su totalidad o en parte, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso”.

“Los supuestos en tal sentido pueden ser: a) matanza de miembros del grupo; b) lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo; c) sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial, y d) medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo”.

FOTO: 123RF

Por lo menos dos de estas situaciones se están dando contra la población palestina. En la reciente Asamblea General de la ONU, hablaron 110 oradores que coincidieron en la necesidad de terminar con esta masacre contra niños y ciudadanos indefensos, sin embargo, no se logró que la mayoría de los miembros votaran por aplicar sanciones a Israel por la barbarie que está cometiendo contra la población palestina, a pesar de que el ministro de Asuntos Exteriores de Irán declaró que lo que sucede es un verdadero genocidio.

La historia de agresiones e intentos de limpieza étnica contra el pueblo palestino no es reciente. Las primeras iniciaron a un año de que la ONU declarara reconocido el Estado israelí en 1947. En 1948, fueron expulsadas más de 700 mil personas de algunas de las poblaciones más autóctonas. Historiadores reseñan que fueron destruidas más de 613 localidades palestinas.

Hoy, se le está presentando la oportunidad a Israel de aprovechar el foco mediático que está en Gaza, donde la prensa internacional –al servicio de las grandes potencias como Estados Unidos– están tratando de justificar este “genocidio de manual”. Benjamín Netanyahu y sus ministros irán adelante en su plan de limpieza étnica contra los más de 2 millones de palestinos que habitan en la Franja del conflicto.

No estará de más que, en el seno de la Asamblea General de las Naciones Unidas, se le pregunte a Israel sobre los verdaderos orígenes del grupo Hamás. Fue creado con antelación a los Acuerdos de Estocolmo, firmados por el canciller israelita, Shimon Péres, y el líder de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), Yasser Arafat. Buscaban la paz entre las dos naciones, por lo cual ambos personajes recibieron el Premio Nobel de la Paz en 1994.

Mucho debe explicar Benjamín Netanyahu del por qué fue el propio gobierno de Israel el que creara Hamás para establecer un Estado islámico en la región histórica de Palestina, con el único y claro fin de debilitar políticamente a Arafat y su OLP.

En el actual contexto, Netanyahu, Estados Unidos y sus aliados se han cuidado de no remover esta oscura historia que engendró a Hamás. No obstante, a pesar de sus esfuerzos, diversos medios –incluso israelís como el diario Jared’s– señalaron en 2019 que el primer ministro declaró que si se quería “frustrar el establecimiento de un Estado palestino”, se tenía que apoyar a Hamás, por lo cual había que transferirle recursos “como parte de nuestra estrategia”.

Jared´s es uno de los medios más influyentes, pero también la información en tal sentido ha sido replicada por The Time of Israel. También abordó el tema de esas transferencias de dinero que, bajo el criterio de Netanyahu, se hizo “bajo el principio de divide y vencerás”. De esta manera, se impidió el establecimiento de un Estado palestino.

El propio Wall Strett Journal publicó un artículo titulado “¿Cómo Israel ayudó a engendrar Hamás?”, en el no muy lejano 2009. El influyente medio refirió cómo, en su momento, Estados Unidos financió y ayudó a crecer a Al Qaeda y cómo, en el caso de grupos islamitas afganos, les dio apoyo para combatir a las tropas rusas en Afganistán. Grupos que después, como en el caso de Hamás, se convirtieron en enemigos de sus antes aliados y protectores.

Ante el evidente genocidio que está ocurriendo en la Franja de Gaza y la perversa estrategia de Benjamín Netanyahu para evitar la consolidación de un Estado palestino unido y fuerte, el gobierno mexicano debe romper relaciones diplomáticas y comerciales con Israel, sumándose a la condena mundial para exigir, además, un inmediato cese al fuego.

Martín Esparza*

*Secretario general del Sindicato Mexicano de Electricistas

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