El giro cognitivo


Gilberto Guevara Niebla

Todo mundo lo repite: vivimos en este siglo una profunda transformación social. No es una crisis más del capitalismo, dice Juan Carlos Tedesco en La sociedad del conocimiento, es un cambio radical en la organización social, en la economía y en la política.

El rasgo principal de esta transformación es que el conocimiento está remplazando a los recursos naturales, a la fuerza y al dinero como claves en la generación y distribución del poder en la sociedad. CEPAL anticipó este fenómeno mundial y en 1992 publicó el reporte Educación y conocimiento, pilares de la transformación productiva con equidad.

Dado este nuevo orden, propio del siglo XXI, la UNESCO y CEPAL concluyeron que la educación y el conocimiento serían los detonantes del cambio productivo en la región latinoamericana. “La educación, dijeron, es una de las pocas variables de intervención de política que impacta simultáneamente sobre la competitividad económica, la equidad social y el desempeño ciudadano”.

Pero el optimismo inicial se frustró pronto al comprobarse que la economía basada en el uso intensivo de conocimiento daba lugar tanto a fenómenos de igualdad como de desigualdad, tanto a homogeneidad como a diversidad. Es más, hoy sabemos que las sociedades donde domina la nueva organización del trabajo son las que producen mayor desigualdad.

La globalización ha sido el marco de la evolución de la economía del conocimiento. La globalización se ha expresado en el nivel económico, en el cultural, en el político, pero su impacto más notable ha sido en las comunicaciones. Ha producido una crisis del Estado-nación. En muchos casos, los ciudadanos y los gobiernos se han adherido a entidades supranacionales o han reaccionado desviando su mirada hacia sus valores primarios juzgando la integración nacional como un hecho cultural y no como un hecho político.

Los cambios culturales que ha acarreado la sociedad del conocimiento son numerosos. Ha surgido un nuevo individualismo en el que se acentúa la autoexpresión, en el respeto a la libertad interna, en la expansión de la personalidad, de sus cualidades especiales y su excepcionalidad. El nuevo credo es que cada persona es única y tiene derecho a crear y construir una forma de vida para sí, mediante una elección libre y sin trabas.

La relación entre la educación y el conocimiento debe ser revisada. ¿Cómo debe ser esta relación? En su libro sobre las consecuencias de la modernidad, Anthony Giddens concluye que la reflexión juega un papel crucial en la reproducción de la sociedad moderna: en ésta el conocimiento reflexivo es permanentemente evaluado y corregido. Pero la mayor reflexión no brinda certidumbre, sino mayor incertidumbre.

De hecho, las seguridades que ofrecía la sociedad pre-moderna (la confianza derivada de las relaciones de parentesco; el marco territorial definido para las relaciones sociales; la seguridad que emanaba de las cosmologías míticas o religiosas y la confianza que se desprendía de la tradición en donde las cosas se hacen siempre de la misma manera) han desaparecido. En el mundo moderno la relación entre la acción social y el conocimiento es diferente.

El camino de regreso al tribalismo está clausurado. En la sociedad moderna el ciudadano no puede desestimar la opinión de los expertos, ni omitir el papel de las instituciones, que son referencias indispensables para que cada individuo construya su propio proyecto de vida. En todos los casos la acción de cada sujeto individual necesita protecciones institucionales.

El conocimiento, dice Daniel Innerarity en La democracia del conocimiento, más que un medio para saber, es un instrumento para convivir, es el dispositivo más poderoso a la hora de configurar un espacio democrático de vida común entre los seres humanos. No acostumbramos a celebrar la accesibilidad a la información como si eso nos hiciera sabios cuando, en realidad, esta sociedad nos conduce a una nueva ignorancia. Esta nueva ignorancia nace de tres propiedades que caracterizan a la sociedad contemporánea: a) el carácter no inmediato de nuestra experiencia del mundo, b) la densidad de la información y c) las mediaciones con las cuales nos relacionamos con la realidad.

Estas tres propiedades nos ofrecen un norte para organizar una educación para las nuevas generaciones que sea pertinente y que se perfile hacia la construcción de una sociedad democrática, inclusiva y justa. El vínculo educación conocimiento debe incidir centralmente en la formación del ciudadano e incorporar procesos educativos que se orienten a una mayor personalización del proceso de aprendizaje, al desarrollo de la capacidad de construir aprendizajes, de construir valores y construir la propia identidad.

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