¿Quiere el gobierno mejores medios de comunicación? Aquí tres opciones
El debate sobre la regulación de medios plantea alternativas como educación mediática y digital, medios públicos sólidos y reglas transparentes para la publicidad oficial.
Mario Campos
Ya sabemos que la nueva prioridad del gobierno mexicano no es la crisis de desaparecidos ni acelerar el pobre crecimiento económico, sino la vigilancia de la calidad del contenido que ofrecen los medios de comunicación informativos. Por eso el lanzamiento del proyecto de lineamientos -comentado en este espacio la semana pasada– que ha generado tantas reacciones de rechazo en las últimas semanas.
La condena es explicable: otorgar al gobierno el rol de definidor de qué es verdad o qué no, cuándo es información u opinión, o determinar si se dio un contexto adecuado para una noticia, no es una tarea que deba tocar a ningún gobierno, sea del partido que sea.
Pero si en realidad a la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum le preocupa el tema de la oferta de los medios de comunicación, hay tres cosas que puede hacer, que están directamente en su cancha, y que nadie tendría por qué reprochar.
La primera pasa por la educación. Si se quiere arropar a las audiencias, la mejor fórmula es formar ciudadanos críticos, educados en la alfabetización mediática y digital, que les permita navegar de la mejor forma posible por el mundo de la información. Incluir y fortalecer las acciones que forman el pensamiento crítico es clave. Eso pasa por incorporar a las aulas contenido serio, no propaganda anti medios, sino herramientas concretas que ayuden a las y los niños a separar noticias falsas de verdaderas, a entender la lógica de medios y plataformas digitales, a contar con herramientas de verificación de información.
Una segunda medida está en el terreno de los medios públicos. ¿Quiere el gobierno que los medios privados sean mejores? Pues es simple: que constituya medios públicos fuertes, con credibilidad y rigor ético, que sean útiles a la sociedad y atractivos para las audiencias. Claro que eso va contra lo que ha ocurrido en los últimos tiempos, en los que la propaganda se ha apoderado por completo de las señales públicas de radio y televisión. Constituir una oferta como han hecho en otros países -como la BBC en Reino Unido o NPR en Estados Unidos- es una forma de mejorar la competencia y la calidad de los medios en general.
Finalmente, un mejor periodismo también pasa por reglas claras en las que el dinero público no pueda ser usado para premiar o castigar medios en función de su línea editorial. ¿Quiere el gobierno una mejor prensa? Pues simple, que genere un sistema transparente que asigne publicidad oficial en función de criterios claros de audiencias o diversidad. Mientras el gobierno decida a quién sí y a quién no le da un peso -como reconoció esta semana la presidenta en la mañanera– los medios tendrán incentivos perversos para definir su contenido.
Las opciones están sobre la mesa y son viables si el gobierno quiere entrarle en serio al tema. Veremos si hay una voluntad de avanzar o si, como advierten no pocos, la nueva preocupación oficial es solo para tener mayor control sobre la agenda pública y nada más que eso.
