Xóchitl destapa la corrupción: la delincuencia gubernamental en Sinaloa y México

Ernesto Alonso López

Las palabras de Xóchitl Gálvez al exponer que la delincuencia pone orden a la delincuencia, desnudan una verdad cruda que muchos prefieren ignorar: la corrupción y la impunidad son el oxígeno que alimenta el cáncer de la delincuencia en nuestra sociedad. Su valentía brilla ante la oscuridad que ha envenenado las entrañas de nuestro país durante demasiado tiempo.

La delincuencia, en todas sus manifestaciones, se ha enraizado profundamente en las estructuras gubernamentales de estados como Sinaloa y en toda la nación mexicana. La corrupción desenfrenada entre los servidores públicos y la alianza nefasta con los grupos criminales han socavado por completo la capacidad del Estado para aplicar la ley y proteger a sus ciudadanos.

Es urgente que los líderes políticos denuncien sin titubeos la corrupción y la connivencia con la delincuencia. Solo enfrentando este cáncer de frente y adoptando medidas drásticas contra la corrupción, podremos albergar la esperanza de restaurar la confianza en el Estado y recuperar la seguridad para todos los mexicanos.

La delincuencia no puede ser tolerada ni considerada como una opción válida para resolver los problemas de la sociedad. Es hora de romper el ciclo vicioso de impunidad y corrupción que ha sumido a nuestra sociedad en una espiral interminable de crisis y desesperación.

Es a través del firme cumplimiento de la ley que se erradica la impunidad y se restaura la verdadera autoridad. Es imperativo que los ciudadanos también comprendan que vivimos en un estado de derecho, lo que implica respetar y cumplir la ley, eliminando de nuestra cultura cualquier norma que avale lo que está fuera de la ley.

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